El mundial del fútbol en la cultura argentina.

nos mimetizamos cada cuatro años en el certamen mundial de fútbol

Ya empezó el mes del fútbol mundial, lo más importante es la actuación nuestra selección, los partidos que le toque jugar y sus posibles cruces con las demás selecciones. El contexto político del país suele pasar a un segundo plano. Sólo pasa cada cuatro años, cuando se respira la pasión por este deporte que atrapa desde la cuna el corazón de muchos argentinos.

Juega la celeste y blanca, entonces comienzan las cábalas, los nervios, el juntarse con amigos, en familia y ver el partido dejando de lado la rutina del día a día. El país se detiene por dos horas para presenciar los partidos de la selección. Sólo un deporte como el fútbol es capaz de sacarnos del libreto que nos tiene atrapados en nuestro quehacer diario.

Esto comienza desde pequeños sin tener una explicación racional ya que en muchos casos nacemos con un equipo de fútbol, con su influencia cultural que nos acompañará durante toda la vida, pase lo que pase. Pero, el seleccionado nacional somos todos, es el país y forma parte de nuestra forma de ser, muy pasional y a veces desmedida.

El fútbol se vive con muchos sentimientos de por medio, la sociedad también se integra o relaciona por medio del lenguaje futbolero. Frases como: te pusiste la 10, estás en offside, te tiraste atrás, te comen los talones, transpira la camiseta, etc. Forman parte de nuestro acervo cultural, lo que demuestra la íntima relación que nos liga a este deporte de conjunto.

No todos somos iguales ni tenemos las mismas creencias o status económico, pero nos sentimos unidos por ser argentinos y amantes del fútbol en cada partido que juega la selección. Lo mismo pasa los domingos cuando nuestro equipo juega y logra hacer un gol, el abrazo con desconocidos es común, algo natural en ese ámbito. Algo impensado que nos hace sentir bien como tambíen parte de una misma creencia o cultura. La pertenencia está por encima de todo.

Un mes en cual nos ponemos el traje de técnico, discutimos con amigos, conocidos y desconocidos acerca de que jugador tiene que ser reemplazado o que sistema de juego será mejor utilizar para enfrentar a determinada selección. Hacemos cálculos para saber que selección nos puede tocar en la próxima ronda. Nos ponemos en la piel del técnico, del jugador y hasta del árbitro, por lo que cobró o no cobró.

Un gol puede quedar grabado por el resto de nuestras vidas. Los dos goles de Maradona a los Ingleses en el mundial de Mexico 86. El gol de Cambiasso a Servia y Montenegro en el Mundial 2006, como tantos otros. Esos goles quedan marcados en nuestras retinas es por eso que tambien recordamos en que lugar y circunstancias se vió el partido. D Lo contrario pasa con los goles que nos descalifican. Tratamos de olvidarlos de inmediato.

Para algunos perder la cabeza por el fútbol, hacer cosas impensadas por este deporte es absurdo. Estados de ánimos que difieren según el resultado de nuestro equipo o la seleccíon no tiene sentido. Para otros vivirlo así es único, lo mas lindo que hay. Sacarnos de nuestra vida cotidiana por solo dos horas y vivirlo con tanta intensidad nos identifica, es nuestro, una marca cultural,es un sentimiento argentino.