Violencia como cultura

El fútbol sin lugar a dudas, es un deporte cargado de distintas emociones, de un minuto para el otro un partido que parecía estar completamente liquidado, termina en un resultado adverso que te pude dejar desconcertado.

Culturalmente, en nuestro país, se le da mucha importancia al mundo deportivo en general, pero es el fútbol el que ocupa el primer puesto a la hora de la convocatoria en los distintos estadios del país. El problema se hace notorio cuando toda esta pasión por los colores “no tiene límites”, y la falta de control de impulso se ve reflejada en algunas personas a través de la violencia.

En un principio el fútbol no podía faltar en la vida de un argentino, como si fuese un sinónimo de religión.Con el paso del tiempo, las luchas entre poderes,sumado a las disputas económicas en los distintos clubes en argentina, generó un clima de tensión en los espectáculos. Esto hizo que muchas familias y grupos de amigos que solían ir semana tras semana a la cancha hoy en día dudan al momento de comprar la entrada. El tiempo hizo que se convirtiera en sinónimo de confrontación, y las barras bravas que por algún motivo no se pueden erradicar dañaron nuestra cultura futbolera.

La violencia, como el uso de fuerza para conseguir un fin, definición de la real academia española, existió desde siempre en todas partes del mundo, día tras día se dan casos de confrontación entre dos o más personas en diferentes ámbitos.

En el futbol, esto se vio reflejado más que nada, cuando de a poco se fue transformando en una especie de negocio, en un ámbito en el que está tan reflejada la pasión y lo cultural en nuestra sociedad. Lamentablemente distintas ramas de poder, como por ejemplo la política se fue introduciendo para desvirtuarlo. Entre algunos ejemplos de presidentes de clubes cercanos a la política podemos citar a Aníbal Fernandez, quien fue presidente entre los años 2011 y 2016 de Quilmes, o Daniel Angelici en la actualidad de Boca.

El primer caso de violencia que se puede detectar, fue un asesinato en Rosario, en un partido entre Newell´s Old Boys y Club Atlético Tiro Federal Argentino ocurrido en 1922 por la copa Estimulo, donde Enrique Battcock murió a causa de un disparo luego de una discusión. La muerte de un espectador, Alberto Mario Linker, en un partido entre Vélez Sarfield y River Plate cerca de los años sesenta fue otro de los casos que también marco a la violencia en el futbol, ya que el público en general comenzó a tomar conciencia de dichos acontecimientos.

Al comienzo no fueron grupos numerosos ni excesivamente violentos, aunque con el correr de los años fueron tomando mayor poder dentro de los clubes. Fueron financiadas por los dirigentes de las distintas instituciones, donde se les entregaba entradas y viajes, a las distintas fracciones de la hinchada para alentar al equipo. Además, el poder político tal como nombrábamos anteriormente, está sospechado de influir en casos de renuncias de directores técnicos o jugadores a través de amenazas y aprietes.

Debido a problemas de dinero o luchas internas, en el futbol argentino se generaron peleas con respecto a quien era el Barra Brava líder o principal de cada club. Un caso de gran repercusión, ocurrió el 9 de agosto de 2007 donde fue asesinado Martín Acro, un barrabrava de River, como parte de un enfrentamiento entre dos sectores de “Los Borrachos del Tablón».
Las causas por la cual la cantidad de muertes fue aumentando, se puede atribuir al intento de conseguir prestigio y poder dentro y fuera del club. Desde 1924 hasta 1957 se produjeron 12 muertes en el futbol argentino, mientras que desde esa fecha hasta el año 2003 murieron 225 personas. Estos casos no sólo se dan en la primera categoría del futbol, sino también en las divisiones menores como el nacional B. Debido a todos estos acontecimientos ocurridos, se fueron tomando medidas para intentar reducir la violencia, una de ellas fue la suspensión del público visitante.
A partir de estos lamentables ejemplos que persisten a través del tiempo, es evidente el deterioro cultural de una parte de nuestra sociedad. La educación y el ejemplo pueden ser los caminos para erradicar este fenómeno que tanto daño causa en un deporte tan arraigado en nuestro pueblo, que es sinónimo de nuestra cultura popular.