La Ciudad tiene mala nota en el trato a los docentes

En estos últimos años, la violencia que sufren los maestros empezó a naturalizarse, pero se nota más en Buenos Aires que en ciudades del Interior

En otras épocas, estos sucesos sobre la violencia de género, abusos y profesores golpeados no se conocían tanto, pero en la sociedad actual vemos que estos mismos tópicos salen en las noticias semanalmente. La Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires aprobó en diciembre del 2016 la Ley que castiga a las personas que agredan a docentes, con la penalidad de arresto de entre 5 y 30 días o con multas que rondarán entre los 6 mil y 15 mil pesos «a la persona que, invocando un vínculo con el alumno, dentro del establecimiento de gestión pública o privada o en las inmediaciones, hostigue, maltrate, menosprecie o perturbe emocional o intelectualmente a un trabajador de la educación, sea docente o no». La norma incorpora el artículo 74 bis al Código de Falta, un intento para frenar la violencia escolar que afecta a los educadores de la provincia.

Pirámide Invertida conversó con profesores del interior de país, para saber si ocurren estos casos. Carolina De Alarcón, de 29 años, que da clases en la secundaria de la Escuela Normal de Mercedes, Corrientes, comentó: “La verdad que nunca tuvimos problemas de violencia hacia nosotros, porque en general cuando los padres tienen algún problema con las notas de los chicos, se enteran con anticipación, porque en esta escuela se hacen reuniones a mitad del trimestre para avisarle las notas de las materias de los chicos y qué tienen que reforzar para que una vez finalizado el período no desaprueben. Generalmente cuando tienen una nota baja van hablar con el profesor, para saber que necesita, y saber en qué se lo puede ayudar para que aprueben. A excepción de cuando se toma los exámenes de diciembre, muchas veces los padres quieren saber porque desaprueban, quieren ver las pruebas, pero nunca una situación de violencia o falta de respeto en general conmigo”. Sobre violencia de género o abusos, agregó lo siguiente: “En esta escuela nunca hubo violencia de género o abusos, tengo alumnos que sufren por problemas más familiares, en donde el establecimiento intenta ayudarlos. Pero el procedimiento para cualquier caso de violencia o de abuso que uno detecte en la escuela, lo que se tiene que hacer es informar a la directora, después se escribe en un cuaderno de disciplina, donde luego interviene la psicopedagoga. En caso de ser necesario, por algún tema que sea muy grave, se judicializa y en esta instancia un asistente social va a la casa y se encargan con ellos del caso”.

En Resistencia, Chaco, Romina Moscarelli, 25 años, profesora de educación física declaró: “En la ciudad no tenemos casos de violencia con los profesores, lo que si suele pasar es que a la salida de educación física se agreden, hubo varias veces que las chicas se amenazaban en clases y nosotros nos enterábamos y actuamos rápido para evitar el enfrentamiento. Tampoco tuve problemas con algún padre o alumno por las notas que yo ponía. Lo que si me paso una vez es que en un examen de educación física, una madre de una alumna se quedó al lado nuestro de la mesa, controló todo lo que anotamos e intentó ayudarle a la hija, fue el único caso distinto a lo normal que tuve. Una vez en una clase, no dejamos que coman golosinas, y una de las chicas estaba con un chicle en la boca, le pedí por favor que lo tire y ella no me hacía caso, entonces la mandé a sentar. Después me acerqué y le expliqué que no puede masticar chicle cuando haces actividad física porque puede tragárselo y ahogarse, ella me contestó mal, me dijo que no lo iba a tirar y se quedó enojada. Entonces mandé a llamar a la mamá y cuando vino le expliqué que sucedió ese día con su hija, que me trato de una manera que no corresponde, faltándome el respeto y no haciéndome caso. La madre me responde que ella siempre trata de decirle como tiene que hacer las cosas, de educarla. Con la charla extendida que mantuvimos las tres ese día, la alumna luego cambio su conducta y mejoró notablemente el resto del año”.

En el sureste, Mónica Motto, 61 años, es docente en Merlo de la provincia de San Luis, dio su testimonio: “Si hubo problemas de agresiones, la escuela está atravesada por la sociedad, no puede permanecer aislada. Yo por suerte nunca sufrí ninguna agresión, pero observo que cuando algún alumno tiene problemas con un docente, los padres nos acusan a nosotros, al revés de cuando yo era chica. En el colegio igualmente se trabaja mucho esto, se han estado dando talleres de valores con los padres de nivel primario, talleres con los chicos de primaria y secundaria, se intenta hablar y educar muchas veces, pero cuando el chico no cambia se toman otras medidas”.

Por ahora estos hechos de violencia a profesores, violencia de género o abusos, ocurren en su mayoría en Buenos Aíres; en las provincias, en general todavía se puede seguir educando con tranquilidad. Unas de las estrategias que se aplican es que se aconseja a los profesores que anoten todas las notas que sacan los alumnos y algún hecho en especial con fecha exacta, así cuando los padres van a preguntar o reclamar tienen evidencias de la misma. También se recomienda que no reciban a los tutores ellos solos, siempre acompañado de algún colega o director del establecimiento, para lograr que se pueda volver a enseñar como en los viejos tiempos, donde los docentes eran respetados.

Eduardo Somma