De la facultad de arquitectura a la calle

Por las calles de Villa Urquiza, más precisamente en las intersecciones Libera y Av. Triunvirato podemos encontrarnos con Jorge, conocido por los vecinos como Jorgito, un arquitecto de 45 años que, víctima de los problemas de la vida, ahora es un argentino más en la calle

Jorgito en un día común, feliz en su refugio.

Jorge es hoy uno más de esos tantos que día a día vemos en las plazas, en las calles o en bancos. Pero no siempre fue así: a diferencia de muchísima gente que vemos día a día en las calles, él tuvo una posibilidad, la chance de avanzar, de conseguir un futuro mucho más prometedor que el que, siendo sinceros, tiene hoy un pibe que nace, crece y vive en la calle, lo que no quiere decir que las personas con dicha condición no logren tener un buen futuro, no. Solo que Jorgito no nació en la calle, sus malas decisiones fueron lo que lo llevaron a donde está hoy. Drogas, alcohol, peleas. Fueron algunas de las cosas que lo empujaron a la calle.

Cuando cumplió los 26 años su madre sufrió una enfermedad que le causó la muerte; este fue el detonante para que Jorgito entrara en las drogas y la depresión. Cada persona reacciona a los problemas de manera distinta, y él eligió el camino equivocado. Comenzó consumiendo con la plata que conseguía con algunos trabajos, y cuando el dinero propio ya no era suficiente para satisfacer su necesidad de consumo empezó a vender las cosas de la casa, muebles, la ropa de su madre, etc. A causa de ello el padre de Jorgito, de quien no sabemos el nombre, vendió la casa en donde vivían y con el dinero compró otra, también en Villa Urquiza, y lo invitó a que se fuera a vivir con él, pero Jorgito nunca quiso abandonar la casa en donde vivió con su madre y se negó a irse. Pidió la mitad monetaria de la casa que le pertenecía y lo gastó en drogas, juego y alcohol. Años más tarde, arrepentido de la decisión que había tomado en el tiempo pasado, decidió volver a comprar la casa en la que siempre vivió, pero los nuevos dueños le pedían mucha plata, con la que él no contaba.

Es irónico pensar cómo una persona que parece tenerlo todo llega al punto en el que cree que nada de lo que tiene es valioso y termina llevando su vida a una situación de la que muchos quieren salir. El vivir en la calle fue una decisión propia, tomada con orgullo, bronca, desilusión, pero una decisión propia al fin. «Yo me siento mucho mejor acá, me siento mas cerca de la gente», expresó en un dialogo con Pirámide Invertida. Miles de personas en situación de calle quisieran haber tenido la posibilidad que Jorge desaprovechó en su momento, pero no todos pueden tenerla.

Ya en situación de calle y con su nivel de adicción avanzado, decidió armarse un «refugio», como el llama el lugar donde vive, en frente de la casa donde vivió toda su vida. «me gusta más estar acá en donde estuve siempre, que todos me conocen que, en un departamento en Palermo donde nadie sabe quién soy realmente» terminó diciendo. Y ahí está, hoy con 45 años sigue viviendo ahí, los vecinos lo conocen desde siempre, por lo que le brindan una mano amiga dándole de comer y ayudándolo los días de lluvia.

Hoy su mente está en un nivel que parece no tener retorno, la droga terminó con la vida que el conocía, le quitó todo lo que alguna vez tuvo y lo llevó a estar ahí, entre colchones y basura en la vereda frente a lo que alguna vez fue su hogar.

Yamila Montero