«No me preparé físicamente, preparé mi corazón»

Un testimonio de lo que se siente y se vive en la tradicional Peregrinación a la basílica de Luján, que describe la solidaridad que facilita el camino

El pasado 30 de septiembre se celebró la edición 43a de la tradicional Peregrinación a Luján. Partió desde Liniers y recorrió 65 km hasta la ciudad bonaerense, con cuatro paradas ubicadas en Morón, Merlo, La Reja y General Rodríguez. Desde ya, no parece nada sencillo poder terminar el recorrido sin llagas en los pies, ampollas o algún que otro dolor muscular.

Los jóvenes utilizan unas pecheras para poder diferenciar una parroquia de otras y en el camino poder encontrarse de manera más sencilla. Detrás de la caminata hay todo un trabajo de logística con miles de voluntarios que ayudan en lo que necesiten los peregrinos, ya sea comida, asistencia médica y obviamente la presencia de sanitarios durante el traslado.

Para conocer más de adentro lo que sienten los caminantes al hacer este esfuerzo, Pirámide Invertida dialogó con una joven peregrina llamada Camila (19 años), que pertenece a la parroquia «Niño Jesus».

-¿Cómo te preparaste para la peregrinación?

-No me preparé físicamente, sino que de alguna manera preparé mi corazón y pensé en lo que viví la semana previa. Además de pedirle a la Virgen que no me dejara en ningún momento.

-¿Qué sensaciones tuviste durante el recorrido y en la llegada?

-Durante el recorrido caminé con tres amigos que estuvieron siempre conmigo y eso fue importante, nos dábamos fuerzas entre los tres, más que nada en el tramo de Rodríguez, cuando no encontrábamos a nuestra parroquia y sentíamos mucha impotencia, sumado a que nuestras piernas no querían seguir caminando. Ese fue uno de los momentos más importantes, porque nos emocionamos por lo nuestro y por ver cómo las personas daban todo de sí en busca de llegar a los brazos de María.

-¿Qué significó para vos realizar esta peregrinación?

-Significó estar rodeada de gente que aprecio mucho y al mismo tiempo la emoción de caminar un día entero para poder llegar a la basílica. Cuando llegué me puse a llorar por las intenciones que llevaba en el corazón y los agradecimientos.

-¿Lo psicológico puede ser más fuerte que lo físico?

-Mas allá de que en el tramo de Rodríguez fue donde más me dolían las piernas, creo que si uno tiene en mente que quiere llegar y encontrarse con la virgen, no importa en qué estado físico estés, tu cuerpo siempre te va a permitir llegar.

-¿Cómo fue la organización de la parroquia?

-Durante el trayecto, una vez que llegabas a la primera parada (Morón), te asisten con comida y lo recomendado en esta tramo es comer frutas para que después en Merlo puedas almorzar. En cada parada te brindan alimento, te asisten si tenés alguna lesión en el cuerpo o si necesitás masajes. Es esencial, porque a pesar de que en muchos momentos podés estar solo, sabés que hay alguien de tu parroquia que va a estar ahí para lo que necesites.

-¿Cuál es la diferencia entre el peregrino y el apoyo?

-En el apoyo brindás un servicio que es gratificante para el alma, ayudar al que quizá quiere dejar de caminar, animarlo entre otras cosas; en cambio, cuando vas caminando vas solo con tus pensamientos, pensando en querer llegar cuanto antes.

Matías Foti