Una mirada crítica sobre el momento de la formación de médicos

Alejandro Héctor Vazquez, de 54 años, es médico y docente de la Facultad de Medicina de la UBA; sostiene que los estudiantes llegan con serios problemas de comprensión de textos y que habría que reformular la carrera

Foto: Milton Feijoó.

Alejandro Héctor Vázquez es jefe de trabajos prácticos de la materia embriología en la Facultad de Medicina de la UBA. En dialogo con Pirámide Invertida, manifestó sus sensaciones sobre su profesión, los motivos por cuales se decidió a ser docente, criticó la preparación secundaria del alumnado y señaló las modificaciones que realizaría en los programas universitarios.

-¿Por qué se dedicó a la docencia?

-Siempre fue algo que me gustó, ya en la época de alumno en la cual nos reuníamos a estudiar con mi grupo de compañeros me surgía espontáneamente el querer explicar, usar diagramas, croquis para simplificar el conocimiento de algún tema en particular. Y cuando empecé mi carrera como médico, existía la posibilidad de ser ayudante de cátedra, que es una forma de hacer docencia antes de estar recibido; de ir empapándose de lo que es la función docente universitaria, y dentro de una de las materias de primer año, que es una materia compleja, porque en realidad consta de cuatro materias en una, por cuestiones curriculares de programa, que son: histología, que es el estudio de los tejidos; embriología, que es el estudio del desarrollo del embrión humano; biología celular, que es el estudio de las células y genética. Dentro de esas cuatro materias hubo una que sobresalía en mis preferencias que era embriología, y fue la que me llevó a elegir la docencia universitaria como otro camino alternativo junto con la medicina.

-¿Hace cuánto es docente? 

-Si tomamos en cuenta la experiencia como ayudante de cátedra, a fin de este año cumplo 32 años de docencia en la UBA, sumándole a eso en años posteriores haber sido citado en distintas universidades privadas, en una de las cuales estoy hace 20 años y en la otra hace 7 años.

-¿Qué se siente comenzar la formación de jóvenes que el día de mañana serán de vital importancia para la comunidad?

-Si bien para mí la docencia es una pasión, de la mano de eso también viene una enorme responsabilidad teniendo en cuenta que estamos formando futuros profesionales de la salud, por cuyas manos van a pasar la vida de los seres humanos, y tratamos de formar productos que sean de la mayor calidad posible para que en el día de mañana puedan brindar un servicio adecuado a la comunidad, y que al tener algo tan valioso en sus manos cumplan de la mejor manera posible el rol al cual han sido asignados. Por otra parte enfrentamos día a día a desafíos cada vez más grandes teniendo en cuenta cómo ha cambiado en los últimos años todo lo relacionado con la educación a nivel primaria y secundaria, no solo en nuestro país sino también en otros, de muchos de los cuales recibimos alumnos.

-¿Cómo está el nivel académico de la UBA hoy en día?

-La UBA siempre trata de mantener la excelencia académica que la caracterizó, y te hablo particularmente de la Facultad de Medicina que yo conozco, pero creo que trasciende a todas las facultades de la UBA que siempre en rankings internacionales termina ubicada en la mejor posición dentro de las argentinas, incluyendo públicas y privadas. Pero el nivel, no tanto de la UBA como formadora de profesionales sino el nivel en que nos llegan los alumnos, está siendo cada vez peor, y más que nada producto de una educación primaria y secundaria cada vez más deficitarias. Es un tema bastante álgido, porque cada vez que se toca esto, se toca a nivel periodístico, y los docentes primarios y secundarios se rasgan las vestiduras diciendo “No, no es culpa nuestra”; quizá no sea de los docentes en particular, pero el sistema educativo en estos momentos tiene mucha falencias. Nosotros recibimos alumnos que no saben ni leer ni escribir; si saben leer si les das un texto pero no lo saben interpretar, y al no saber eso, más allá de que medicina es una carrera difícil, el problema no es que no entienden los conceptos médicos, no entienden los conceptos organizativos de una oración. Y a la hora de escribir, nos enfrentamos a cosas similares. Y te hablo de los alumnos argentinos, porque los brasileños se adaptan bastante rápido al idioma. Conozco casos de gente que viene un año antes de empezar la carrera a trabajar, a vivir, para que al momento de iniciar su carrera su idioma sea lo más fluido posible, y tener un castellano o un español que no le genere problemas de interpretación por el idioma.

-¿Qué solución propondría desde el programa o desde la secundaria?

-Yo creo que en estos momentos habría que hacer una reforma curricular importante a nivel secundario. Además también una reforma, y te hablo de mi carrera en particular, en los programas de medicina. Acá seguimos enseñando con programas que tienen muchos años de antigüedad que no se han adaptado a los tiempos actuales. Hoy en día, el conocimiento de cada materia en particular ha aumentado enormemente. Hoy se sabe muchísimo más de lo que se sabía en las épocas que se desarrollaban estos programas. Y hoy pretender que un médico tenga todos esos conocimientos en su cabeza, por un lado es ridículo, y por otro lado no tiene sentido. En cada una de las materias, tanto la que doy yo como en otras materias importantes de la carrera, habría que reformular los programas para enseñarle al médico lo básico que necesita para ejercer su profesión.

Gabriel González y Milton Feijóo