Ignacio Gili, pedaleando contra imposibles

El ciclista olímpico repasa su historia y cuenta cómo ve al deporte en la actualidad

Gili marcando el ritmo en agua, arena o ruta.

Mendoza es tierra fértil para producir héroes deportivos. Uno de ellos proviene de la tranquila General Alvear. Se trata de Ignacio Gili, el “Chueco” para los del paño, el mismo que se subió a una bici en un día del niño cuando tenía solo diez años y comenzó a gestar un romance eterno.

Marcado por las rutas, no solo la 188 y la 143 que atraviesan Alvear, Gili se ha ido construyendo un nombre en el ciclismo. “Pasé de la mountain bike al ciclismo de rutas en los ‘90, y en el 1996, 1997 y 1998 fui campeón argentino”, comienza a enumerar Ignacio sobre un palmarés que luce repleto por donde se lo mire.

Fruto de esos resultados, el “Chueco” se ganó un pasaje a Sidney para representar a la Argentina en los Juegos Olímpicos del 2000, a los que reconoce no llegó con la sapiencia necesaria: “Me gustaría haber ido con la experiencia que tengo hoy pero con la edad de aquel entonces, además de agregar un entrenador que me prepare acorde a la competencia”, reflexiona el mendocino. Y parece que esa historia le repercute en la actualidad, porque más allá de ser un coloso de las Titan Desert (El «Rally Dakar» del ciclismo), en donde en su tercera aparición marcó un tercer puesto histórico para el país con 46 años, hace escuela a lo largo y ancho de Argentina con su centro de formación para ciclistas.

Gili entiende la importancia mayúscula que tiene la preparación en el ciclismo. Tanto, que recuerda lo apartado que dejó a sus hijos (Juani y Brisa) para hacer historia en las carreras del desierto. Y cambiando de rol, pregona que en su escuela los padres no hagan lo mismo: “Es importante que los papás se comprometan en la formación y el contacto de su hijo con el ciclismo, no que los lleven y los dejen tirados en una concentración». El profesor que todavía no deja de ser alumno explica con claridad.

¿Cómo ves a la actividad en Argentina?
El ciclismo se encuentra en constante ascenso. Cada vez es mayor el número de personas que se suben a pedalear y eso se pasa de padre a hijos. Es un deporte que se practica al aire libre y es muy atractivo.

¿Cómo observás el potencial de Argentina en el ciclismo?
Argentina tiene mucho potencial. Hoy en día hay jóvenes que se marchan a Europa a prepararse y eso los de nuestra época no lo tenían. Afuera se mejoran como profesionales pero también se chocan con otra cultura y eso los hace crecer. Varios de ellos han tenido buenas participaciones en España, por ejemplo.

Ignacio estuvo en esas competiciones por la península ibérica, ya que su enorme participación en la Titan Desert 2017 le abrió muchas puertas. Pero en medio de tantos buenos resultados, el veterano ciclista mendocino sufrió una fractura de rótula, una lesión que a pesar de dejarlo varios meses afuera todavía no le quita la ambición: “Fue un calvario lastimarme lejos de casa y de la familia, pero en cuatro meses voy a estar en ritmo nuevamente; mi idea es volver con todo el año que viene y traer ese primer o segundo puesto que me faltó en el desierto”, cierra un hombre que no sabe de imposibles.