Las inundaciones y el peligro para producción agropecuaria

La Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa informó que la situación de la Cuenca del Río Salado es preocupante y que hay pérdidas cercana a los 1.500 millones de dólares

General Villegas bajo el agua.

La actividad agrícola ganadera es el principal sustento de nuestro país y, a raíz de las inundaciones y los largos períodos de inacción política, las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Córdoba, Santa Fe y hasta incluso una parte de Chaco registran una pérdida exuberante de dinero por el deterioro en el que se encuentran los campos y esto implica que no se pueda aprovechar la tierra, de cara al comienzo de la siembra que empieza el mes entrante.

La Cuenca del Río Salado es la zona que se encuentra en mayor estado crítico, desde la desembocadura de la Bahía de Samborombón hasta sectores de La Pampa y el sur de Córdoba, y su gran impacto hídrico generó que más de 20 millones de hectáreas sean afectadas y se encuentren daños en un 25 por ciento de la parte agropecuaria y un 32 por ciento del rodeo vacuno del país. Además, como si esto no fuera poco, los productores siguen en estado de preocupación absoluta y su dolor sigue en aumento, luego de que las tormentas del fin de semana causaran estragos y afectaran a más de 8,5 millones de hectáreas en la región de la pampa húmeda.

En base a las precipitaciones superiores a los 100 milímetros en el transcurso de la semana anterior, el presidente de la Carbap, Matías De Velazco, declaró en varias emisoras de radio: “Las napas están muy arriba y los suelos no absorben más agua. Toda precipitación que se produzca, la única manera de evacuarla es vía evaporación o dirigir el agua a zonas más bajas”. La situación determina que la falta de obras para los campos son el principal factor del problema en cuestión y no existen demasiadas variantes para solucionar la crisis en la que se encuentran tanto los productores como las diferentes empresas agropecuarias, ya que no hay suelo firme para producir y las maquinarias denotan un deterioro importante.

En ciertos lugares de la región pampeana, el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) usó el método del reemplazo de pasturas perennes y pastizales por cultivos anuales que redujo entre tres y cuatro veces el consumo de agua y elevó los niveles freáticos. Aun así, no es fácil efectuar esto en otros partidos bonaerenses, como en el caso de General Villegas, que desde hace 20 meses que está inundado y lo único que les da esperanzas a los productores es llegar hasta el mes de diciembre con climas secos que le proporcionen una forma de superar su adversa condición y empezar el próximo año con éxito.

Para observar la situación en la que está Argentina desde otra perspectiva, Pirámide Invertida se comunicó con Raúl Oñate, un mayorista de 54 años, que tras viajar y ver los campos y rutas del país, comentó: «Es catastrófico el momento que está viviendo el país. Antes al viajar por las diferentes rutas de la parte pampeana observaba constantemente el verde de los campos y, en cambio, ahora solo veo agua. Hay veces en las que tengo que tomar desvíos porque el agua llega hasta las rutas y se hace imposible transitar por ellas y en otras ocasiones tengo que esquivar a los animales muertos».

Las inundaciones arrasaron y devastaron todo lo que se interpuso en su camino y no sólo dejaron secuelas en las zonas rurales, sino que también los tambos se vieron afectados, debido a que el 60 por ciento se encuentra en los lugares damnificados. Esto provoca que el panorama de la lechería en Buenos Aires esté en estado de alerta. El peso de todos estos problemas podría recaer en la economía en general, que, con el endeudamiento externo entre otros, bastante golpeada está.

Alejandro Ulloa Castelli