Maternidad adolescente: voces de una compleja problemática

Si bien no es un tema nuevo, se profundizó en esta última década en nuestro país, así como en otros de Latinoamérica

Miles de jóvenes adolescentes se convierten en madres, muchas de ellas aún sin continuar sus estudios secundarios; pero lo más lamentable es que entre aquellas tantas hay quienes quedaron embarazadas por abusos. Esas mujeres, hoy madres, tienen un doble desafío cotidiano: cumplir con el rol de madre y cargar con una horrible experiencia. Se necesita mucha ayuda para ellas; no es nada fácil ser madre, adolescente, y cargar con una vivencia indeseable en la cabeza por el resto de la vida.

Y por otra parte existe, pero con otro tipo de relevancia, el problema de las madres jóvenes que no previnieron cuidarse con la otra persona a la hora de tener relaciones. Es éste el caso, si se quiere, más extendido en estos tiempos.

«En los años 70 el embarazo adolescente ya era un fenómeno, pero ahora podemos decir que hay un aumento exagerado de varios factores que llevan a la preocupante situación actual», sentenció Mirta Goldstein, vicepresidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). Palabra dada a Infobae.

Chicas de entre 15 y 19 años se convierten en madres sin desearlo, más allá de que muchas hayan aceptado el hecho tiempo después de los primeros meses; vale decir que no fueron planeados sus hijos.

Según un registro realizado hace dos años por la UNFPA (Fondo de Población de las Naciones Unidas), uno de cada seis nacimientos corresponde a una adolescente, y el 65,5% de esas chicas no utilizaron métodos anticonceptivos con su pareja; entre ellas, el 53% no buscó embarazarse. Mientras que en el corriente año, la UNICEF presentó un informe según el cual el porcentaje de chicas que se embarazan sin planificarlo se redujo a un 45%.

Sus vidas como madres son un mundo totalmente diferente; tantas cosas cambian, cosas que se dejan en el pasado. En este caso fue bueno tratar el tema con Tatiana, una joven de 20 años que tiene un hijo varón de 2 años y medio. «No podía creer que estaba embarazada, mi madre se enojó, pero mi papá no tanto. Y por suerte no tuve problemas con mi entonces pareja», contó. Y agregó: «Hoy puedo decir que soy muy feliz, porque sé que nunca voy a sentirme sola, siempre voy a estar en compañía de mi hijo, aunque veces me duele dejarlo por trabajo u otras circunstancias; es muy difícil porque somos muy unidos». También contó cómo es la relación que mantiene con sus padres respecto de depender de ellos como abuelos del niño: «Sí necesité de ellos y mucho, pero ahora no tanto, pero sí dependo de ellos, ya que la obra social familiar por parte de mi papá cubre el cuidado de la salud de mi hijo y mía».

Ella es una entre miles de jóvenes que vivieron un cambio radical en sus vidas cotidianas. Tatiana también dejó en claro que quiere un futuro mejor para su hijo y otros tantos en el mundo en situación similar: «Deseo para él y otras criaturas una sociedad con menos inseguridad y más unión entre todos». Así como Tati, miles de chicas argentinas tratan de sacar sus vidas hacia adelante, y más allá de los prejuicios con los que se encuentran a menudo por la sociedad, están firmes en pretender un futuro mejor para sus hijos con la ayuda de sus padres, con sus parejas o solas.

Pero esto no tapa las cuestiones de fondo. ¿Cómo se puede convertir una adolescente en madre? ¿Pasa por la educación en los hogares, en las escuelas y en la vida? Hay que brindarle a cada joven, ya sea hombre o mujer, una mejor calidad de educación en todos los aspectos,a yudarlos a ser más conscientes con lo que hacen e inculcarles otros valores de vida.

Ana Paola Gutiérrez