Leila Vidal: “El miedo de decir no puedo, siempre estuvo”

Leila Vidal juega como central, tiene 19 años y juega en Don Bosco.

La actual jugadora central de handball del club Don Bosco Leila Vidal se anima a hacer un repaso de su corta pero jugosa carrera como deportista para Pirámide Invertida.

Vidal tiene 19 años y arrancó a jugar al handball a sus 12 años en el Ateneo del club Don Bosco, porque quería tener «mejor cuerpo». Luego de probar suerte en diversas disciplinas deportivas, lo único que le restaba hacer era vóleibol, handball o fútbol, esta última, una actividad que sus padres no le permitieron que realice. Ella confesó que «realmente no conocí­a este deporte, no sabí­a de que se trataba». Finalmente, con el paso de los entrenamientos le gustó y hoy en día no puede dejar de hacerlo.

En el año se juegan dos torneos, al igual que en el fútbol, uno de Apertura y uno de Clausura. «Yo juego en dos categorías, una de juveniles que es junior (los domingos) y en mayores (los sábados)», contó. Tuvo la posibilidad de ser campeona dos años seguidos: en 2014, con edad de cadeta y en All Boys se consagró junto a su equipo para que en 2015 empiece a jugar en mayores y también obtenga el campeonato ante Grille.

Hay veces que el estudio y el deporte no son una buena combinación porque ambos demandan mucho tiempo. Leila se entrena cuatro días a la semana, realiza una rutina de ejercitación para aumentar la masa muscular y juega los fines de semana, pero además de esto estudia en la Universidad Nacional Arturo Jauretche, de Florencio Varela y está en el segundo año de Kinesiologí­a. Sin embargo, afirmó que nunca pensó en dejar de jugar, ella ve al deporte como un momento de distracción y diversión junto a sus compañeras: «Es un compromiso que tengo con el club y no puedo dejar de ir a entrenar por quedarme a ver una pelí­cula con mi novio o estudiando sabiendo que no trabajo y puedo hacerlo en otro momento».

-¿Qué es lo mejor que te ha dejado el hacer deporte?

-Lo mejor que me ha dejado son las amistades, la gran mayorí­a de mis amigas son del club. Muchos valores, compañerismo, ayudar a la otra, no importa su condición social o en cuanto a juego, es una más adentro de la cancha como todas, somos todas importantes, el superarnos. Cuando yo empecé a jugar en mayores, jugaba contra mujeres de treinta años que me llevaban tres cabezas y dos espaldas y el miedo de decir «No puedo» siempre estuvo. Pero el ver que sí­ podía, que me la rebuscaba, que sí­ podía defender y que también podí­a hacerles un gol y así­ superarme. Lo que tiene el handball es que es muy fair-play, estás todo el tiempo en contacto, pegándote pero sin embargo vas y la levantás, le das la mano, le preguntás como está y le pedí­s disculpas.

Hace tres meses tuvo una fractura del cartílago del tobillo con una distención de ligamentos y una contractura lo que la obligó a parar durante un mes y medio, usar una bota ortopédica y realizar sesiones de kinesiología. «Fue la primera vez que me lesioné, asi que de a poco estoy volviendo a tener el estado físico y las fuerzas en las piernas», recordó.

Para finalizar, Leila se lamentó ya que su motivación no puede ser jugar en el seleccionado argentino porque «se buscan cosas muy particulares» como la altura, el tamaño de la espalda y sobre todo jugar en un club que mínimamente dispute torneos en la A. «A menos que seas Messi no te tienen en cuenta», sentenció. Lo que la mueve es llevar a su equipo a lo más alto o que se televise un partido. A futuro se ve en su club, como jugadora o entrenadora y culminó admitiendo que «ojalá sea del lado de jugadora porque me encanta y mí­nimamente hasta los 40 puedo jugar».