Tras los cristales, la magia

Hola, buenos días, son diez pesos y se pueden tomar fotos sin flash, es una de las tantas cálidas bienvenidas que se escuchan al ingresar al «Museo del Humor» .

El “buenos días”, puede llegar a mutar en un “buenas tardes”, según lo que marque el reloj. Así como también el valor del acceso dependerá del día en el que se asista, debido a que lunes, martes y miércoles es gratuito; o la edad, los menores de 14 años ingresan sin costo, toda la semana. Lejos del bullicio de Capital Federal, en el Museo del Humor, el silencio, que a veces puede resultar agobiante, es corrompido, de vez en cuando, por el ir y venir de los pasos, el impulso de toser tímidamente, o por las aves del exterior, como siempre sucede en un lugar donde el silencio se respira.

El ingreso mismo reconforta, no solo por la ausencia del sonido que abunda en cada rincón sino, también, por el ambiente climatizado que, en estos días de calor sofocante, aun en la sombra, puede ser una excusa, por más mínima que sea, para poder tener al Museo como opción a visitar. La llegada es por demás sencilla, el edificio se encuentra detrás del Parque Mujeres Argentinas, al que se tiene acceso cruzando el Puente de la Mujer, en Puerto Madero, tras pasar la Avenida Juana Manso, en Av. de los Italianos 851.

El primer piso cuenta con una muestra de dibujos y caricaturas realizadas, en su mayoría, por Guillermo Mordillo, gran caricaturista que tuvo su época de oro en la década del 70; una autobiografía que lejos está de rozar lo pragmático, fiel a su estilo y como muestra en los trazos realizados sobre el papel. Pero no solo de Mordillo, también reúne obras de otros referentes argentinos del género, de cuatro genios, si se permite el adjetivo: Joaquín Salvador Tejón (Quino), Carlos Garaycochea, García Ferré y Hermenegildo Menchi Sábat. Cuadros en los que en verdad hay que esforzarse por no largar una carcajada que interrumpa el silencio y genere malestar en los demás visitantes. Hacia el final del pasillo se puede apreciar la historia de la revista Crítica, con ejemplares de muchos años en perfecto estado. Una revista que desde sus dibujos buscó romper con la clausura de libre expresión, impuesta por el gobierno de Hipólito Yrigoyen. En las paredes, al costado de cada ejemplar, se hace un tributo a los importantes redactores que pasaron por la institución, como Luis Macaya, Ermete Meliante, Aristides Rechain, Antonio Bermúdez Franco o Diógenes Taborda.

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Quizás el punto fuerte de este pedacito de cultura no se encuentre en este piso. Sí, no es un error de tipeo, leyó bien. Aunque lo redactado en las últimas líneas puede despertar el interés de quien se toma el tiempo para leer este artículo, es casi una obligación informar que hay mucho más. Una escalera que reza en su acceso “Historia del Humor Gráfico Argentino” y para allá iremos.
Bajo esos escalones se esconde el contenido más rico del lugar. Un microcine con capacidad para unas 80 personas que abre a las 15:30 sin importar en qué día de la semana estemos. ¿La función principal? Upa en apuros, el primer cortometraje, en color, que fue realizado en Argentina por Cinepa. Ellos mismos son reconocidos como los pioneros de la animación argentina, con esta joya que cuenta con una duración aproximada de 25 minutos.

En las paredes se puede observar un recorrido que va del S. XIX hasta 1960-Actualidad. Varios tesoros volcados en papeles que son cuidados celosamente en cuadros, entre ellos, las primeras dos caricaturas realizadas a personajes o hechos que tienen que ver directamente con nuestro país Captura de Buenos Aires, del escocés James Gillray en 1806.humor-3
La línea del tiempo continúa con las primeras y relevantes ediciones de Caras y Caretas, revista fundada en 1898 por Jose Sixto Alvarez, que aún sigue con su tiraje. Un pequeño pabellón de presidentes y artistas animados que da pie a las historietas populares como: Clemente, Inodoro Pereira, Condorito, Mafalda, entre otros. Para quienes nacimos en el final del siglo XX, los ojos se empañan en los recuerdos que pasan por la cabeza de uno al ver las revistas Anteojito –de nacimiento en 1964- que era escrita por la pluma de un genio de la literatura infantil, como Manuel García Ferre. ¿Quién no recuerda haber realizado trabajos y tareas para la escuela, con esas páginas de educación?

Entre los cinco fantásticos que nombramos al comienzo de la nota, se encontraba Carlos Garaycochea, quien posee una muestra de sus trabajos que es para destacar. La misma reúne unos 40 originales de obras realizadas para la revista El Gráfico, entre otras publicaciones. Un pequeño homenaje a sus más de 60 años de trayectoria. Garaycochea, para quien no lo conoce, hace poco recibió el título de Ciudadano Ilustre, distinción que realiza la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.

Para los más chiquitos, el espacio de Yo Matías brinda la posibilidad de dibujar. He aquí que nos encontramos con Fernanda Castillo y Salma Lobosco, maestras de primaria que fueron a ver las instalaciones para poder realizar una excursión con el propósito de cierre de año: “La idea madre era un paseo por la costanera y la reserva ecológica, pero colegas nuestros nos pasaron la información de visitas guiadas al Museo y nos comunicamos para poder acordar una fecha. Creo que es un lugar que está bueno para sacar a los chicos de las salidas monótonas que suele haber en una escuela, es el objetivo que tenemos con Fernanda. No sólo aprovechar el microcine para la diversión de ellos, el stand de Matías para que puedan venir a pintar, sino el espacio verde del jardín trasero”.

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Una pequeña biblioteca, caracterizada por la calidad de contenido más que por la cantidad, recorre la historia de la gastronomía en nuestro país, donde Fernando Bahl, mientras vigila a Tomas de tan solo 6 años, nos comenta que esto representa una salida diferente para ambos, tanto para él como para su hijo: “Claramente no está dentro de la oferta común para los niños traerlos acá, de hecho muy de vez en cuando se ven nenes en este lugar, salvo los que vienen de excursión con los colegios. Pero a Tomi  le encanta leer historietas y dibujarlas, es llegar con el diario y que me pida la última hoja para divertirse, justamente, con Yo, Matias. Creo que traerlo acá, además de que sea una distracción para mí, es decir, un cable a tierra, es motivar un poco esa creatividad o hobbie que tiene con las caricaturas”.

Es así como finaliza el recorrido. Finaliza es un decir, ya que mes a mes se renueva con la inclusión de obras temporales de diferentes artistas, otro motivo para aventurarse varias veces en un lugar donde estimulamos nuestra imaginación, sentidos y, sobretodo, nuestro humor.

 

Museo del Humor, la historia.
Hacia finales del 2011, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires aprobó la solicitud para la creación del Museo Del Humor, conocido también como MuHu, con una comisión consultiva honoraria que tenía a grandes artistas que ya hemos mencionado como Mordillo, Sendra y Ferré. Se inauguró en el mes de junio de 2012 en Costanera Sur, en El Edificio de la Munich. El tradicional edificio, que realizó el arquitecto húngaro Andrés Kalnay en 1927, perteneció a la Cervecerìa Munich, hasta que en 1979 el Gobierno de la Ciudad lo caratuló por un plazo de 20 años como sede del Museo de Telecomunicaciones. Desde ese año hasta el 2002 estuvo bajo el mando ENTel y Telecom Argentina.
Fue así que, una vez reinaugurado en el 2012, en octubre se terminó de firmar el decreto constitutivo del Museo, con sede en Av. De los Italianos 851. ¿Su propósito? la protección y el fomento del humor gráfico ante organismos nacionales, provinciales y municipales.

Su patrimonio, en peligro.
Si bien actualmente el edificio recibe, año a año, la visita de más de 50 mil personas, en julio del año pasado el proceso de institucionalización fue frenado por el Poder Ejecutivo de la Ciudad debido a los problemas económicos que aquejan al lugar, principalmente la falta de donaciones que recibe. Hoy en día, tras la asunción del nuevo Director de Patrimonio, Museos y Casco Histórico, Guillermo Alonso a fines de 2015, continúa en stand by la institucionalización del Museo y hay serias chances de mudar el patrimonio del mismo a una dependencia del Museo de la Ciudad. La dificultad rige en que estaría en un piso de dicho edificio, donde la capacidad total sería para 30 cuadros solamente, a diferencia de los más de 220 que hay hoy en día. Hace pocas semanas, Hugo Oscar Maradei, informó que recibió la propuesta de colocar una sala de humor en el Museo de la Ciudad, un claro síntoma de querer desmantelar este pedacito de cultura que hay frente a la Costanera.
Igualmente, en septiembre pasado, Quino, Sabat, Garaycochea, Sendra y Mordillo, lanzaron un comunicado donde solicitan que se continúe con el trámite de institucionalización y que se brinde las dependencias faltantes que se habían prometido en un comienzo o un espacio de similares características en el caso de que la propiedad en la que se encuentran esté destinada a ser usada con otro fin. Pero la resistencia no termina ahí, todos podemos ser parte de esta defensa. En la página de salvemos al Museo del humor – salvemosalmuhu.blogspot.com –  se brinda información de como poder participar para que todos sigamos disfrutando de un espacio tan mágico.

Por Nayla Alvarez, Manuel Cabrera y Valentina Gallego.