Ricardo Barreda, el hombre que no amaba a las mujeres

Los asesinos causan miedo y estupor, pero también generan inquietudes e interrogantes. Muy pocos criminales provocan en gran parte de la población, admiración, fascinación y hasta personas que quisieran estar en su lugar. El 15 de noviembre de 1992, en un caserón de la calle 48 entre 11 y 12 de la ciudad de La Plata, un odontólogo con una escopeta mató a sus dos hijas, esposa y suegra. Ricardo Barreda, saturado por las supuestas calumnias e injurias propinadas por las mujeres de la casa, decidió acabar con sus vidas con una Víctor Sarrasqueta calibre 16 que le había regalado su suegra.

“Cientos de hombres lo admiran: llegaron a pintar “Ricky ídolo” en la vieja casona de La Plata donde ocurrieron los crímenes, la barra brava de Estudiantes despliega cada tanto una bandera en su homenaje”, cuenta Rodolfo Palacios en el libro “Conchita”. El nombre del ejemplar es porque según declaraciones de Barreda esa palabra fue el detonante de tamaña masacre. Lo más destacado de la obra es que no trata de los asesinatos, sino que relata cómo es el odontólogo en su vida privada: sus gustos musicales, futbolísticos, gastronómicos, etc.

Como hay gente que en la calle lo saluda o felicita, hay otras tantas que no, al contrario, lo insultan y esperan la oportunidad para escracharlo. Sin ir más lejos, el autor cuenta en el libro lo duro que se le hace a Barreda cargar con semejante historia, y aún más cuando por la calle le hacen recordar ese momento con vehemente crueldad. No solo el escarnio es oral, sino que también es gráfico, algo que al platense lo abate mucho más. El final del libro explica cómo Barreda se deprime al ver que en la puerta de su edificio había una leyenda con la frase “Barreda, asesino cobarde”, detonante para él.

En un solo hombre la sociedad está fraccionada, los polos se dividen y enfrentan, eso es lo que hace que la obra de Palacios sea tan cautivante. Es indiscutible lo extraño y morboso que son aquellos que tienen al asesino como un ejemplo, un ídolo. Muchas mujeres hoy en día son sometidas al maltrato del hombre con lo que desencadena daños importantes y muertes. La mayoría de los que apoyan a Barreda se justifican con la estereotipada figura de la suegra, y hasta resulta absurdo tener que aclarar que se trata del asesinato de una persona.

En el libro se cuenta con detalles lo demoledor que es para el odontólogo que le expropien la casa de La Plata, donde cometió los cuatro crímenes. El frente del caserón está colmado de frases como: “Barreda asesino de mujeres” o “La sociedad te condena”. A pesar de que el inmueble esté muy desmejorado y abandonado, ese lugar va a ser utilizado como sede de una ONG que ofrece alojamiento y asistencia para aquellas mujeres que son víctimas de violencia de género.

Rodolfo Palacios es periodista y escritor marplatense, que se destaca por sus notas y libros relacionado con los temas policiales. Al notar lo que generaba Ricardo Barreda en la sociedad, decidió investigar y contar la vida del cuádruple femicida después de salir en libertad. El libro más allá de estar centrado sobre el día a día de Barreda, hay distintas tonalidades que hacen cautivante a la lectura. También hay pensamientos y sentimientos volcados en las hojas que pueden ocasionar sorpresa, ya que se trata de un asesino destacado de la historia criminal argentina.

Un condimento interesante del libro es la novia del odontólogo, Berta, quien convive con él. “La Chochán” como la llama Barreda, tiene una injerencia clave a causa de la historia que carga el homicida y los tratos despectivos que tiene hacia ella. La convivencia con la mujer confirma lo que dice la tapa del libro: “Ricardo Barreda, el hombre que no amaba a las mujeres”. En un pasaje del texto, Miguel Maldonado, una de las personas que examinó detalladamente gestos y palabras en los exámenes psiquiátricos del dentista, cuenta: “Tengo la impresión que Barreda cree que las mujeres son inferiores. Creo que está totalmente convencido de eso.”

Es imposible creer que un asesino de semejante magnitud, con tantos años en prisión, tenga algún sentimiento que lo conmueva, ni mucho menos que llegue al punto de llorar. Lo cierto es que el autor describe cómo lloró Barreda al hablar de la película “Tiempos Modernos” de Charles Chaplin. ¿Quién creería que una persona que mató a cuatro personas y estuvo tanto tiempo recluso, pudiera hablar como un experto de música clásica y cine?, es indiscutible que Barreda sí puede hacerlo. Es un apasionado de “El Otoño”, una de las cuatro estaciones de Vivaldi y también de Beethoven. Además le fascina el cine, es un amante de las películas “La dolce vita”, “Ascensor para el cadalso” o “Trenes rigurosamente vigilados”, de Jirí Menzel.

Visiblemente, la obra invita a ser leída con detenimiento, a no saltarse ninguna hoja, porque a medida que avanza se hace más atrapante. Sorprende su fanatismo por Estudiantes, el club de sus amores, o su admiración por Ricardo Bochini y Ronaldinho, o nos deja perplejos cuando explica que le clavó una bombilla del mate a un “negro grandote” que quería abusar de él los primeros días en la cárcel. La vida de un personaje tan singular como es Ricardo Barreda, nos incita a leer un libro que está muy bien escrito, por un especialista en casos criminalísticos que sabe abordar este tipo de material y ancantar a muchas persona.

Por Hernán Skrypka