Narices Chatas, un viaje al conmovedor mundo del boxeo

 

narices-chatasEl boxeo es uno de los deportes que más historias ha dejado a nivel mundial. No solo por los combates históricos como el de Jack Dempsey y Luis Ángel Firpo, sino también por las historias detrás de los púgiles, antes y después de subirse al ring. Es un fabricador constante de nuevos relatos, los sucesos arriba del cuadrilátero siguen dando nuevas cosas para contar.

Enrique Martín, periodista especializado en el boxeo, trabajó en varios medios gráficos y audiovisuales que le dieron una vasta experiencia para observar, escuchar y recolectar historias insólitas y atrapantes del pugilismo. Recorrió varios lugares del mundo por su trabajo y gracias a eso, realizó el libro Narices Chatas, que es una recopilación de sus notas realizadas para medios gráficos como Crónica y Clarín.

Allí, se emprende un camino con distintos matices: relatos, perfiles, documentos, pero el condimento más importante es cómo está narrado. Con los datos precisos, declaraciones, contextos, el autor le da una atracción más significativa. Con el correr de las páginas las sensaciones emergen y la esencia de estos documentos es la curiosidad que originan las historias inéditas e inimaginables que hay en los suburbios de las hojas.

El libro está separado en tres partes, en la primera hay un popurrí de peleas como la del excelso boxeador argentino Nicolino Locche en Tokio ante Paul Fuji, o como el combate de Ray Sugar Leonard frente a Marvin Hagler donde este último era el favorito de la gente pero no tuvieron en cuenta lo que Sugar tenía preparado. Pero, en este primer capítulo no hay sólo combates, los acompañan diversos textos dedicados a otros aspectos del boxeo.

En este rincón es la segunda parte, donde toma total protagonismo el boxeo argentino. Jugosas historias y anécdotas de boxeadores como Carlos Monzón, José María Gatica, Pacual Pérez, Andrés Selpa, entre otros, inundan de emoción a los que son contemporáneos a ellos y admiración a los que recién incursionan en la riquísima historia pugilística nacional. Pero también aparecen distintas personalidades vinculadas al deporte en el país, desde entrenadores hasta periodistas.

“Habían pasado largos veinte años desde el día en que Cachazú decidió colgar los guantes, con un buen nombre hecho a nivel local, un aceptable pasar económico y un empleo de chofer. Y así empezó a afrontar la vida fuera del ring, hasta que un día, por encima del diario que leía en un bar de Retiro, descubrió que alguien invocaba su nombre, que recordaba sus peleas, que elogiaba su estilo, y que se estaba haciendo pasar por él con el fin previsible de mangar unos pesos, a partir de la verdad nunca demostrada de que los boxeadores terminan siempre en la miseria.” Así comienza Cachazú, uno de los primeros textos que se encuentran en Abeja Negra, la tercera parte del libro. La misión de esta última es contar historias un tanto insólitas, diferentes, aventureras y divertidas de boxeadores que habían abandonado la práctica o que todavía se desarrollaban en ella. Estos relatos no hablan estrictamente del deporte sino de acontecimientos ficticios. El foco está centrado en el asombro y el entretenimiento, donde es fácil de vislumbrar en textos como El debut o El gordo Baez.

El libro muestra una enormidad de atractivos que hacen de la lectura un momento de seducción, interés, conocimiento y aprendizaje que cualquier apasionado leería más de una vez por toda la información que está volcada en las hojas.

En esta entrevista, Enrique Martín abordó diversos temas sobre su obra: por qué tituló Narices Chatas al libro, de qué manera lo estructuró y otros tantos interrogantes. Más allá de la preparación que le llevó la edición, el periodista explicó sus sensaciones, sus objetivos y algunos secretos.

– Ya que hoy en día esa frase es reconocida en el mundo del boxeo, ¿cuál es el significado del nombre del libro?

– El primer Narices Chatas era una parte sola, de las que ahora son tres. Yo tengo dos libros posteriores, En este rincón y Abeja Negra, que en la última publicación van los tres juntos. El nombre se me ocurrió por un distintivo físico de la mayoría de los boxeadores, producto de los golpes recibidos en las carreras largas. Igualmente, no recuerdo el cómo ni el cuándo. La primera publicación del libro fue en 1993, el título es idea mía y original. El nombre ahora se ha empezado a utilizar en televisión también, en Argentina y en el exterior, pero después del lanzamiento de la obra.

– ¿Dentro de lo que contiene el libro, cómo fue el proceso de recuperar y recopilar los comentarios de las peleas?

– Durante 35 años fui periodista deportivo, y casi en la totalidad del tiempo especializado en boxeo. Trabajé en varios medios, Crónica, Clarín, específicamente en la agencia Diarios Y Noticias que es de Clarín. También en radio y en televisión, en el programa de cable Boxing Club, que hacíamos con Osvaldo Príncipi. A partir de tantos años dedicado a lo mismo, cubriendo toda la información local, y gracias a Dios pudiendo viajar al extranjero muchas veces a cubrir peleas, se fue juntando material: comentarios de peleas, columnas de opinión, reportajes, inclusive notas de color relacionadas a la actividad. En ese momento se me ocurrió que podía juntar todo para editar el primer libro, que en realidad no tuve que escribir, porque ya estaba escrito. Solamente tuve que tomarme el trabajo de reunir todo ese material. En ese momento no había internet, así que tuve que hacer una recopilación de papel de todas las cosas, que llevó bastante tiempo. Después fue adaptarlo al formato del libro, algunas cosas hubo que corregirlas, achicarlas o agrandarlas, pero no fue un trabajo muy grande desde el punto de vista literario.

– ¿Qué aspectos buscó destacar en los perfiles? En qué aspectos prefirió centrarse más, en la vida privada o en los logros deportivos?

– Hay perfiles de boxeadores, entrenadores, promotores, y hasta de periodistas de boxeo. Es producto del libro En este rincón, que se publicó en el año 2000. Se centran solamente en un hecho de la vida del personaje, y a partir de ahí se dan las claves o pautas importantes para que el lector conozca a esa persona. Por ejemplo, no aparece en todos los perfiles cuántas peleas hizo, cuántas ganó, qué día debutó, pero se puede partir desde el día en el que ganó su primer combate, o que tuvo un accidente. Yo creo que el perfil es más interesante, y que se puede conocer más a un personaje. Traté de que el hecho destacado fuera interesante, más que importante. Se trata de mostrar una faceta de esa persona respecto de todos los demás, porque sino son todos iguales. Acá hay un cruce de lo periodístico y lo literario, uno intenta saber la historia del personaje desde otro lado, y ahí contarla para que las personas lo conozcan mejor.

– Si al lector le tiene que recomendar alguna anécdota o parte del libro, ¿cuál sería?

– Es difícil decir eso, uno no sabe cuál es el gusto de la gente. Te puedo decir lo que me gusta a mí, pero no tanto por la forma que está escrito, supongo que todo está bien escrito porque sino no lo hubiera hecho. A la gente a veces le despierta la atención un evento importante, un acontecimiento, una figura o un personaje. En el libro está el comentario de la pelea entre Ray Leonard y Marvin Hagler, que cubrí para la Agencia DYN en 1987. Más allá de lo escrito, esa pelea está considerada entre las 10 más grandes de la historia. En forma unánime fue consagrado como el mejor combate de ese año por el Consejo Mundial. Yo tuve la suerte de verla en vivo en Las Vegas, y todo el que la vio, o la recuerda cuando la vuelven a pasar, se da cuenta que es un monumento al boxeo, una pelea extraordinaria, entre dos boxeadores fuera de serie. Después, hay alguna nota sobre Tyson, que fue la traducción de un reportaje que yo le hice en Estados Unidos, en Atlantic City, y se publicó en varios medios. También hay comentarios de grandes peleas en el Luna Park, y algunas notas referidas al ataque que ha recibido el boxeo como actividad durante tantos años, el intento por suprimirlo y la defensa que muchos periodistas hemos hecho a lo largo del tiempo. Ese primer Narices Chatas es, como dice el subtítulo, un viaje al conmovedor mundo del boxeo. Para los aficionados es un poco más de lo que les gusta, y para los que no lo conocen, una forma de entrar en el mundo desconocido.

– Dentro del libro Narices Chatas, hay un capítulo que es de historias ficticias de boxeadores llamado Abeja Negra, ¿cómo surgió la idea de escribir esas anécdotas? Aunque son ficticias, ¿tienen algo de realidad?

– Esa parte es meramente literaria, no tiene nada que ver con el periodismo. Uno puede basarse en una cosa real para escribir ficción o escribir ficción directamente. Normalmente en los cuentos hay una parte real y otra no, y en este caso es lo mismo. Siempre en relación al boxeo, con algunos personajes que existieron pero tienen el nombre cambiado, otras historias son reales y están exageradas, hay un poco de realidad en todo, pero es difícil encontrar esa parte. Algún cuento es conocido, aunque trato de cambiar algo para sorprender.

– ¿Considera que su libro puede ser una introducción al boxeo?

– Eso sería demasiado presuntuoso. Para la gente que no conoce nada de boxeo y es curiosa, podría ser, pero para un entendido, no. Yo creo que el libro tuvo éxito porque a los aficionados al deporte el texto les interesó, porque las tres ediciones se vendieron por igual. También es cierto que cuando apareció la primera edición no había muchos libros sobre el boxeo, y ahora han aparecido varios. Está considerado como un texto pionero, porque fue uno de los primeros estrictamente en la materia. El nombre también atrae bastante, porque el título está reconocido, aunque mucha gente lo utiliza como referencia pero no lo leyó (risas).

– ¿Cree que la literatura de boxeo es escasa en la Argentina?

– Era escasa hace 25 años, pero ahora no tanto. Aparecieron bastantes libros, y también llegaron desde el extranjero. Son tan buenos que mucha gente se puso a escribir después de leerlos. Uno de ellos es Entre las cuerdas, un relato sobre un estudiante que investiga la actividad y termina peleando bien. Hay otro anterior llamado El Boxeo, de una escritora norteamericana que es una de las personas que más sabe del deporte en el mundo. Lamentablemente está agotado, es el mejor que leí, y está citado muchas veces en mi obra.

– Teniendo en cuenta su pasión por el tango, ¿encuentra alguna similitud con el boxeo?

– Tengo un tango que se llama Narices Chatas, que habla del boxeo y está íntimamente dedicado a eso. Lo que es para mí el cruce de las dos actividades está escrito en esa letra. Habla del boxeo y del boxeador en sí. Esperemos que sea publicada.

Por Gabriel Moccagatta, Lucas Marinelli y Hernan Skrypka