De leyendas e historia viviente

Es sabido que hubo una selección argentina que cambió, no solo el curso de ese deporte en el país, sino también a nivel mundial. Que son reconocidos por su actividad dentro de la cancha como también fuera, y reciben elogios tanto de propios como de ajenos. Diferentes entrenadores, rivales, periodistas y personalidades destacadas del básquetbol se han manifestado como admiradores de su espíritu y competitividad.

La “Generación Dorada” marcó un antes y un después en la historia del baloncesto moderno. Fueron el primer equipo en derrotar a Estados Unidos desde 1992, cuando se le permitió utilizar jugadores de la NBA, y, hasta el día de hoy, son el único país que ha podido sacarles el oro olímpico desde ese momento. Por eso, y más, es que este brillante grupo de deportistas merecía que sus proezas quedaran plasmadas en un libro.

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Dorados y eternos narra a la perfección el trayecto que llevó a ese seleccionado a convertirse en el mejor de la historia nacional. Desde el ritual previo a cada encuentro, hasta la admiración cosechada en cada lugar al que concurren, el libro escrito por Pablo Pokorski y Matías Baldo posee innumerables anécdotas y testimonios, que le añaden valor al texto. La excelente descripción, tanto de los logros deportivos que consiguieron, como de su admirable profesionalismo y calidad humana, hace muy fácil y entretenida la lectura. El recorrido por el camino que marcó la “Generación Dorada” es inmejorable, por la brillante escritura, y por la pasión y dedicación que se denota detrás de las palabras.

A lo largo del libro, la memoria vuela y retrocede al mismo instante en el que se desarrollaban los incalculables momentos icónicos del conjunto argentino. Incluso, es posible que se recreen las mismas sensaciones que cuando sucedía lo extraordinario: la palomita de Emanuel Ginóbili en los Juegos Olímpicos del 2004, las victorias en la semifinal (la segunda ante Estados Unidos) y final de Atenas, los distintos triunfos a Brasil, el bronce en Beijing 2008, y las últimas batallas, con los jóvenes que prometen con prolongar los excelentes torneos.

Desde tener piel de gallina hasta emocionarse, todo es posible al recordar las hazañas de los enormes jugadores que se destacaron no solo por sus rendimientos en el terreno de juego, sino también por su desempeño extradeportivo. Porque, quizás, el legado y los valores que dejaron sean incluso más importantes que sus logros en el básquetbol. A modo de conclusión, así lo expresan los autores: “la Generación Dorada había dejado de existir pero sobrevivían los recuerdos, el metal y las memorias. También, y principalmente, la ética, el compañerismo, la solidaridad, el orgullo por la camiseta, la química en el juego y la postergación de lo individual en beneficio de lo colectivo. […] Pasarán los hombres y pasarán los nombres, pero existe un intangible que se fue construyendo épica a épica y que sobrevivirá hasta el final de los tiempos: es El Alma Argentina”.

Por Lucas Marinelli