El ocaso de la bohemia literaria porteña: las librerías, golpeadas por las nuevas costumbres

La cultura general ha sufrido una gran mutación con el paso del tiempo, por los avances de las nuevas tecnologías, y el modo de acceso a cierto conocimiento ha crecido y trajo consigo radicales consecuencias

El cine, la televisión e internet han modificado, en masa, la manera de ver y vivir la cultura. Las personas buscan algo nuevo y que sorprenda. ¿Quién iba a pensar que internet tendría el alcance de hoy en día? ¿Cómo imaginar que la gente consumiría más películas que material impreso? Todo eso tiene una consecuencia: la caída en la venta y la lectura de libros. Casi todo es accesible hoy de forma gratuita, mediante descargas digitales. Ya sea en formato de lectura, o incluso como adaptaciones en películas o series, las cuales atrapan de manera más efectiva al público, apelando a recursos audiovisuales más imponentes

En consecuencia, las librerías se han visto afectadas y no son pocas las que han cerrado sus puertas. Algunas todavía siguen en pie por la venta de libros usados o de segunda mano, vía por la cual se vuelve más económico el acceso a lecturas clásicas.

Un claro ejemplo de esto es la librería El Vitral, que hasta hace pocos días ofrecía libros usados en su local ubicado en Montevideo 108. Hoy yacen dentro apenas las estanterías, que ya no tienen encima la variedad de géneros y autores que acostumbraban ofrecer a los visitantes. Luego de que un gran grupo de personas aprovechara la liquidación que el negocio publicitó mediante redes sociales durante dos semanas, el boom mediático propagó la promoción y fue cuestión de días para que los últimos títulos se esfumaran del local.

Tras 15 años de abrir las puertas al público, María debió cerrarlas para siempre. Se nota su pena en cada palabra que emite, aunque no lo adjudica a la situación actual, sino a un proceso que se viene dando hace años. El negocio físico ya no era rentable, y la liquidación fue útil para saldar un poco las cuentas junto a los viejos muebles de madera, que también están a la venta por menos de 300 pesos.

La pasión por el libro no la abandonarán ni a ella ni a su hijo, que la acompañó durante su emprendimiento, porque continuarán con la venta de libros usados mediante la web. Su página de Facebook, con más de 25 mil seguidores, será la vía de contacto que no permitirá que El Vitral se aleje de los ciudadanos porteños. Adaptarse o ser olvidado, el sistema parece funcionar así.

Es también el caso de la famosa feria del Parque Rivadavia, lugar que desde los 80 ha sido un fenómeno popular y que en la actualidad parece ser solo un mínimo destello de lo que era en aquellos días. Fanzines, discos de vinilo, películas VHS, pero por sobre todo, libros usados, eran los productos que se ofrecían en venta para todo el público a un precio sumamente económico. En muchos casos estos libros de segunda mano resultaron ser de ediciones muy antiguas y casi inhallables en ninguna librería, excepto en sitios como este parque.

Lo que un día fue un parque común y corriente, a partir de de la década de los 80 se fue convirtiendo en un verdadero centro cultural. Además de albergar libros por doquier y de toda índole, se realizaban actividades recreativas para todo público en general, tales como espectáculos gratuitos para niños en el hermoso anfiteatro del lugar, junto a la posibilidad de apreciar a una gran cantidad de artistas urbanos, realizando pinturas en vivo, acompañados  también de músicos callejeros de todos los géneros. Lamentablemente, con el paso del tiempo las autoridades han descuidado la infraestructura del lugar, y hoy se ven puestos en condiciones casi precarias en algunos casos; esto, sumado al enrejado del parque, ha provocado una considerable disminución de concurrencia a la feria. Gracias a esto, al día de hoy muchos comerciantes están cerrando sus negocios, lo que poco a poco transforma el parque en un lugar más oscuro y desierto.

Por Franco Motta, Leonel Pedrozo y Yannick Zaputovich